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lunes, 4 de mayo de 2009

Nueva normativa sobre el ruido en los hogares


La nueva normativa que entró en vigor el 24 de Abril de 2009, triplica las exigencias de aislamiento acústico de los hogares. Por ejemplo, aumenta las obligaciones de aislamiento en el caso del ruido aéreo (las voces o la televisión del piso contiguo), de modo que paredes y muros tendrán que rebajar ahora en 50 decibelios el ruido que proceda de la vivienda contigua, frente a los 42 decibelios exigidos anteriormente.
En relación con el ruido de los impactos (el que se produce en el piso de arriba cuando un objeto caer al suelo o cuando alguien camina), la norma no permitirá que se oigan más de 65 decibelios, cuando antes el límite estaba en 88 decibelios.

Este Documento Básico de Protección frente al ruido también regula todos los elementos constructivos que conforman un recinto (tabiques, forjados, cubiertas y fachadas) y no sólo al elemento de separación entre los recintos como venía siendo hasta ahora, el eco y las malas condiciones acústicas, cuantificando el tiempo de reverberación en recintos como aulas, comedores, restaurantes y salas de conferencias, así como nuevas reglas constructivas para disminuir el ruido de las instalaciones de fontanería, saneamiento y otros de la comunidad (bajantes, ascensores, etc.).

¡Se acabó escuchar el insufrible taconeo de la vecina de arriba, de oír la televisión de los vecinos sordos de enfrente o de contar las veces que utilizan el inodoro el resto de la comunidad!

El coste de aplicar la nueva normativa se estima en unos 900 euros para un piso de unos 100 metros cuadrados de nueva construcción. Porque ese es el problema: de momento sólo estarán obligados a aplicarla los constructores de viviendas nuevas.

Esperemos que con el tiempo, también se tengan que aplicar obligatoriamente en los pisos ya construidos. Si, ya sé que no estamos para gastos, pero hay que tener en cuenta que la contaminación sonora produce graves perjuicios sobre la salud, provoca serios problemas de convivencia y tiene grandes costes económicos.

Nos obligan a gastarnos el dinero en otras cosas mucho menos importantes que la salud. ¿Por qué no una rebaja de los impuestos del hogar para sufragar los costes de insonorización de nuestras viviendas? De paso, se crearían puestos de trabajo.


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